Con el lema «La salud laboral: compromiso de todos» se va ha celebrar los días 5, 6 y 7 de Mayo el XIII Congreso de la Sociedad Española de Medicina y Seguridad en el Trabajo.
Está organizado por la Sociedad Española de Medicina y Seguridad en el Trabajo, por la Sociedad Valenciana de Medicina y Seguridad en el Trabajo y por la Generalitat Valenciana. Cuenta con el Ayuntamiento de Valencia, la Diputación de Valencia, La EMT, Valenciaport, El Colegio de Enfermería de Valencia y el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valencia como patrocinadores. Y como colaboradores con la participación de Laboratorios, Mutuas de Accidentes, Servicios de Prevención, etc.
Gracias a sus objetivos y a su programa científico, en un momento en que la Prevención de Riesgos Laborales es prioritario, este Congreso ha sido declarado de interés científico sanitario por el Ministerio de Sanidad y por la Generalitat Valenciana
La sede de la reunión es el Palau de la Música y Congresos de Valencia situado en el Paseo de la Alameda nº 30, lugar muy agradable para el desarrollo de las sesiones.
Dentro del comité organizador, del científico y entre los ponentes encontramos a importantes especialistas que trabajan hace años en la Medicina del Trabajo. Entre las ponencias se van a tratar temas importantes como son la responsabilidad legal del personal sanitario de los servicios de prevención, la promoción de la salud en el trabajo, los riesgos psicosociales, la prevención de los accidentes «in itinere», la formación en medicina y enfermería del trabajo, los riesgos biológicos, el síndrome metabólico, las vacunas en el medio laboral, las adicciones, etc.
En este enlace se puede consultar el programa del congreso: Programa científico
Hoy voy a recomendar una visita a la ciudad que, para mi, es una de las más bonitas y románticas del mundo. Eso sí hay que visitarla bien acompañado.
Aquí teneis unos enlaces que pueden ser útiles a la hora de decidir que visitar en Paris.
En la página de la oficina de turismo se puede encontrar información sobre hoteles, espectáculos, conciertos, exposiciones, venta de entradas a museos, tickets de autobus, etc.: http://es.parisinfo.com/
El Estatuto de los Trabajadores define el trabajo a turnos como «toda forma de organización del trabajo en equipo, según la cual los trabajadores ocupan sucesivamente los mismos puestos de trabajo, según un cierto ritmo, continuo o discontinuo, implicando para el trabajador la necesidad de prestar sus servicios en horas diferentes en un periodo determinado de días o semanas».
El número de trabajadores que realizan trabajo a turnos o nocturno en los países industrializados es bastante elevado y va aumentando.
Según la V Encuesta Nacional de las Condiciones de Trabajo realizada por el INSHT, el 16,5% de los trabajadores realiza un horario a turnos rotativos alternantes (mañana/tarde o mañana/tarde/noche) y un 9,7% de los trabajadores realiza su trabajo de noche (entre las 21 y las 6 h).
Estudios recientes, indican que el número de personas con este horario en los países de la CEE es aproximadamente de 18 millones, lo que supone un 20% de los ocupados del sector industria.
Los riesgos para la salud, que estos trabajos pueden tener, son debidos a la alteración de los ritmos circadianos que son los relojes biológicos que permiten a los organismos vivir de acuerdo con los ciclos de la naturaleza, concretamente el que sigue el ciclo de día/noche.
La desincronización de dicho ritmo afecta principalmente al aparato digestivo y al sistema nervioso.
Las alteraciones digestivas más frecuentes son: digestiones pesadas, flatulencia, ardor de estómago, gastritis, colitis, úlcera de estómago, etc. También aumento de peso por modificaciones del tipo de alimentos consumidos (más grasas, bocadillos, alcohol, etc.) y de la cantidad (exceso de lípidos y falta de hidratos de carbono). Así como síndrome de colon irritable.
A nivel del sistema nervioso algunas de las alteraciones pueden ser: fatiga física matutina, fatiga psíquica y trastornos del humor, del carácter y del sueño. También trastornos psicosomáticos, por ejemplo, cefalea matinal.
Como Recomendaciones para evitar alteraciones digestivas se pueden citar:
– Procurar realizar una dieta equilibrada que contenga alimentos de todos los grupos nutritivos: carne, pescados o huevos, lácteos, hortalizas o frutas y pan o cereales.
– Evitar alimentarse continuamente a base de comida fría, bocadillos, charcutería o comida basura.
– Disminuir la cantidad de grasa y aumentar alimentos como fruta fresca.
– Procurar realizar una comida caliente durante las horas de trabajo.
– Introducir, si es posible, pausas muy breves durante el trabajo nocturno.
– Procurar realizar la comida principal en familia.
En cuanto a las Recomendaciones para evitar los trastornos psicológicos:
– Intentar adaptarse al horario buscando el apoyo de familiares y amigos. Por ejemplo establecer una hora para la comida principal en la que todos puedan estar presentes.
– Intentar conseguir espacios oscuros y silenciosos para dormir a gusto aunque sea de día.
– Se debe mantener un horario regular de comidas.
– Evitar las comidas pesadas antes de acostarse.
– Evitar tomar alcohol, cafeína y estimulantes en general 2 o 3 horas antes de acostarse.
– Hacer ejercicio regularmente.
– Es importante relacionarse socialmente con familiares y amigos los fines de semana y períodos de descanso.
Por último aconsejar a las empresas que tienen que adoptar estos horarios, que intenten implantar unas condiciones de trabajo lo más favorables posible, respetando al máximo los ritmos biológicos de vigilia-sueño y alimentación, así como las relaciones familiares y sociales de sus trabajadores.
Según un estudio publicado online el 16 de febrero del 2010 en la revista American Journal of Gastroenterology, el equipo de la doctora Willemijntje A. Hoogerwerf, de la University of Michigan, ha llegado a la conclusión de que los trabajadores a turnos padecen alteraciones intestinales parecidas a los de los pacientes con síndrome de colon irritable.
Y, ¿qué es el síndrome de colon irritable? pues es un cuadro crónico y con tendencia a las recaídas que se caracteriza por dolor abdominal y cambios en el ritmo intestinal alternando diarrea y estreñimiento. Este cuadro puede ir acompañado de distensión abdominal y meteorismo. En la exploración no se aprecian alteraciones en la morfología o en el metabolismo intestinal, ni infecciones que lo justifiquen.
Según la Asociación Española de Gastroenterología, el síndrome de colon irritable es el trastorno funcional digestivo más frecuente en la consulta médica. Alrededor de un 3% de las consultas de atención primaria y de un 16% a un 25% de las consultas de gastroenterología son debidas a esta afección.
La causa más aceptada es la existencia de alteraciones de la motilidad o de la sensibilidad digestiva debidas a factores psicológicos. Aunque también podrían influir: gastroenteritis, intolerancias alimentarias, alteraciones hormonales y factores genéticos.
Lo padecen más las mujeres 14-24 por ciento frente al 5-19 por ciento en los hombres. Suele aparecer antes de los 35 años, y su incidencia disminuye a partir de los 60 años. Es más frecuente en personas con otras patologías digestivas funcionales como dispepsia, en mujeres con alteraciones ginecológicas (dismenorrea) y en pacientes con enfermedades psiquiátricas (bulimia, depresión, esquizofrenia).
En 1999 se concretaron los criterios diagnósticos actualmente vigentes llamados criterios de Roma II que se basan en dolor o malestar abdominal, al menos 12 semanas en el último año, no necesariamente consecutivas, asociado al menos a dos de las siguientes características:
Se alivia con la defecación
Se asocia a cambio en el ritmo deposicional
Se asocia a cambio en la consistencia de las heces
Apoyan el diagnóstico aunque no son imprescindibles:
Alteración de la frecuencia deposicional
Alteración en la consistencia de las deposiciones
Alteraciones de la evacuación (esfuerzo, urgencia, incompleta)
Moco en la deposición
Hinchazón o distensión abdominal
Para realizar el diagnóstico hay que realizar una historia clínica y una exploración física minuciosas para descartar otras patologías orgánicas. En algunos casos es conveniente realizar análisis de sangre, orina y heces, estudio radiológico y ecografía de abdomen e, incluso, colonoscopia.
En el tratamiento hay que incluir medidas higiénico-dietéticas con una dieta equilibrada que excluya los alimentos que desencadenan este cuadro, evitar el sedentarismo y realizar ejercicio físico. El tratamiento farmacológico con antidiarreicos, espasmolíticos y antidepresivos debe limitarse a las crisis. Establecer una buena relación médico-paciente es muy efectivo. A veces son útiles otros tratamientos como psicoterapia, acupuntura o hipnosis.
En el siguiente enlace se pueden encontrar dietas y consejos para combatir el colon irritable.
Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desaparecido de la fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muertes súbitas o las desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa.
En lo que va de año, la relación es como de una lista de bajas después de un combate sangriento. Entre las que conozco hay una parafarmacia, dos tiendas de complementos, una de música clásica, una estupenda tienda de vinos, una ferretería, una tienda de historietas, tres de regalos, dos de muebles, cuatro anticuarios, una librería, dos buenas panaderías, una galería de arte, una sombrerería, una mercería e innumerables tiendas de ropa. También -ésa fue un golpe duro, por lo simbólico- una juguetería grande y bien surtida. Me gustaba entrar en ella, recobrando la vieja sensación que, quienes fuimos niños cuando no había televisión, ni videoconsola, ni nos habíamos vuelto todos -críos incluidos- completamente cibergilipollas, conservamos del tiempo en que una juguetería con sus muñecas, trenes, soldados, escopetas, cocinitas, caballos de cartón, disfraces de torero y juegos reunidos Geyper, era el lugar más fascinante del mundo.
Ahora hablamos de crisis cada día. Hasta los putos políticos y las putas políticas, que no es lo mismo que políticas putas, ahórrenme las putas cartas, lo hacen con la misma impavidez con que antes afirmaban lo contrario. En todo caso, una cosa es manejar estadísticas; y otra, pisar la calle y haber conocido esas tiendas una por una, recordando los rostros de propietarios y dependientes, su desasosiego en los últimos tiempos, la esperanza, menor cada día, de que alguien se parase ante el escaparate, se animara y entrase a comprar, sabiendo que de ese acto dependían el bienestar, el futuro, la familia. Haber presenciado tanta angustia diaria, la ausencia de clientes, el miedo a que tal o cual crédito no llegara, o a no tener con qué pagarlo. El saberse condenados y sin esperanza mientras, en las tiendas desiertas que con tanta ilusión abrieron, languidecían su trabajo y sus ahorros. Morían tantos sueños.
Eso es lo peor, a mi juicio… Lo imperdonable. Todas esas ilusiones deshechas, trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que todavía hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriesgó, peleó para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la tragedia económica de los últimos tiempos y también por la irresponsabilidad criminal de quienes tuvieron la obligación de prevenirlo y no quisieron, y ahora tienen el deber de solucionarlo, pero ni pueden ni saben. De esa gentuza encantada consigo misma que no sólo carece de eficacia y voluntad, sino que sigue impasible como don Tancredo, procurando ni parpadear ante los cuernos del toro que corretea llevándose a todo cristo por delante. Un Gobierno cínico, demagogo, embustero hasta el disparate. Sentenciándonos, entre unos y otros, a ser un país sin tejido industrial ni empresarial, sin clase media, condenado al dinero negro, al subsidio laboral con trabajo paralelo encubierto y a la economía clandestina. Con mucho Berlusconi en el horizonte. Un rebaño analfabeto, sumiso, de albañiles, putas y camareros, donde los únicos que de verdad van a estar a gusto, sinvergüenzas aparte, serán los jubilados guiris, los mafiosos nacionales e importados, y los hooligans de viaje y tres noches de hotel, borrachera y vómito incluidos, por veinticinco euros. Para entonces, los responsables del desastre se habrán retirado confortablemente al cobijo de sus partidos, de sus varios sueldos oficiales, de sus pingües jubilaciones por los servicios prestados a sí mismos. A dar conferencias a Nueva York sobre cómo nos reventaron a todos, dejando el paisaje lleno de tiendas cerradas y de vidas con el rótulo se traspasa. Así que malditos sean su sangre y todos sus muertos. En otros tiempos, al menos tenías la esperanza de verlos colgados de una farola.
Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en el «El Semanal»
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